Fruto de la traición





Siempre me creí una persona diferente, creí que era un mejor humano, pensaba que era más inteligente que el resto solo porque podía analizar y evadir situaciones hipotéticas que no experimenté nunca, por miedo o solo para obtener la satisfacción de decir que no me dejo llevar por los impulsos.
Pero como hombre que cree que vuela, caí muy fuerte al traicionar mi propio discurso.
Había jurado que jamás lo iba a hacer, pero cuando estuve ahí, una parte irracional en mi, tal vez algún instinto salvaje latente o tal vez estupidez. No lo pude evitar.
Era una tarde muy calurosa de verano, eran esos días que huelen a verano pero que no lo son.
Tentado por los recuerdos de una imprudente adolescencia, mire todo mi pasado y elegí probarlo, aquel fruto prohibido, aquel fruto delicioso que todo hombre en algún momento prueba, aquel fruto dulce, pero que deja el gusto de la traición y el remordimiento latente.
Pasé el resto de la tarde pensando en lo que había hecho, y llegando la noche empecé a sentir un torbellino frío en mis intestinos. Estaba en una fiesta y no podía disimular. Mi cara decía todo, no era feliz, había pisado mis ideales y estaba pagando el precio, pero no se lo podía decir a nadie.
Algunos se acercaron, y por vergüenza inventé historias alocadas, pero por cada mentira que salía de mi boca, mis entrañas me recordaban mi error.
Llegó la medianoche, de repente hubo un silencio y no pude aguantar más.
Explosión, confesión, llantos, burlas, comprensión......vergüenza.
Hoy, me encuentro una vez más frente a la misma situación, mirando el mismo fruto, recordando todo lo que pasó.
Igual decido estirar mis brazos y tomar el fruto dulce pero maldito.
Ya no temo comer moras calientes de los árboles, ya no le temo a la diarrea.

1 comentarios: (+add yours?)

Veronica Busso dijo...

jajajaja fue genial!

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